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Investigaciones Académicas: PLANIFICANDO POR ADELANTADO EL FUTURO DESEADO. Me Conozco, Me Quiero, Me Cuido, Aprendo y Elijo

Presentamos, en este espacio, proyectos de investigación pertenecientes a los doctorandos del Doctorado en Discapacidad de La Universidad Favaloro. En esta oportunidad sobre un tema muy significativo. Su autora, María Silvina Quintana, resume: “la autodeterminación y la autorrepresentación social en niños con discapacidad intelectual son conceptos interconectados y sumamente significativos en relación a alcanzar una vida independiente. Por lo que no solo el mismo debe ser consciente de sus propias cualidades y necesidades sino también saber cómo comunicarlas y defenderlas en cada contexto social (escuela, institución, amigos, familia, comunidad)”.

Contacto: QUINTANA, María Silvina
Organización: Universidad Favaloro
Lugar donde se desarrolla: Doctorado en Discapacidad. Universidad Favaloro


    En el centro ilustración de niños, niñas y una mujer adulta tomados de la mano. Título: Construyendo vidas autónomas en personas con discapacidad intelectual. Empezar desde la infancia

    QUINTANA, María Silvina

    Lic. en Gestión en la Educación EspecialProfesora en Educación de Deficientes Mentales

    Doctoranda en el Doctorado en Discapacidad de la Universidad Favaloro, Argentina

    Compartimos a continuación el video sobre el tema, subido a la Plataforma YouTube:

    Resumen

    Los cinco pilares interrelacionados: autoconocimiento (“Me Conozco”), autoestima (“Me Quiero”), autocuidado (“Me Cuido”), aprendizaje (“Aprendo”) y autonomía y autodeterminación (“Elijo”), son pilares fundamentales para alcanzar una Vida Independiente en Niños con Discapacidad Intelectual.  Estos conceptos se analizan en el contexto del desarrollo integral y son la base para fomentar su independencia y calidad de vida. Tomando desde la calidad de vida las dimensiones de: bienestar social, bienestar físico, desarrollo personal, autodeterminación, inclusión y derechos.

     Más allá de un enfoque puramente funcional, este abordaje propone una visión holística que empodera a los niños con discapacidad para que se conviertan en agentes activos de sus propias vidas.

     Se detallan a continuación estrategias prácticas para bordar cada uno de estos pilares y se pone énfasis en el rol preponderante de las familias y las instituciones como facilitadores de este proceso. El objetivo es que, a través del aprendizaje continuo , diario y la práctica de la elección puedan construir una base sólida para una vida adulta autónoma y plena.

    Entendiendo mi Mundo Interior

    El autoconocimiento es el primer paso en el camino hacia la independencia. Es la capacidad de un niño para reconocer y comprender sus propias emociones, pensamientos, fortalezas, debilidades e intereses. Este proceso se construye a través de experiencias concretas y multisensoriales. Conociéndose desarrolla su identidad y comprende su singularidad.

    Las estrategias para promover el autoconocimiento deben ser lúdicas y adaptadas. Se puede utilizar un espejo para que se identifiquen y nombren partes de su cuerpo, o usar fotografías de sí mismos para trabajar el reconocimiento facial y de sus expresiones. La educación emocional se facilita con el uso de pictogramas y tarjetas de sentimientos que ayuden a nombrar y expresar emociones básicas como la alegría, la tristeza, el enojo o el miedo. A través de cuentos o juegos de roles, los niños aprenden a identificar estas emociones en ellos mismos y en los demás. La validación constante de sus sentimientos, como decir “veo que estás triste”, es fundamental para que el niño aprenda a confiar en sus propias percepciones y a comunicar sus necesidades.

    Asimismo, el desarrollo de la conciencia corporal es parte esencial del autoconocimiento. Actividades como el yoga, la danza o juegos que impliquen seguir instrucciones simples sobre el movimiento del cuerpo no solo mejoran la coordinación, sino que también refuerzan la conexión entre la mente y el cuerpo. Esto les permite percibir señales internas como el hambre, la sed o el cansancio, que son vitales para su bienestar y seguridad.

    Construyendo mi autoestima y valor personal

    Una vez que el niño empieza a conocerse, el siguiente pilar es la autoestima. El concepto de “Me Quiero” abarca la capacidad de valorarse a sí mismo, de reconocer su propia valía y de aceptarse tal como es. Esto se construye a partir del refuerzo positivo y de la creación de un entorno que celebre sus logros.

    Para fomentar la autoestima, es prioritario centrarse en las fortalezas. Hay que elogiar el esfuerzo más que el resultado. Se pueden crear tablas de logros donde el niño pueda marcar las tareas que ha completado, lo que le da una representación visual de su progreso y un sentido de competencia. Las actividades artísticas y creativas, como pintar, modelar con arcilla o tocar un instrumento, también son excelentes vías para que se expresen y vean el valor de su trabajo.

    La aceptación de las emociones es vital en este proceso. Si el niño siente frustración o enfado, se le debe validar el sentimiento y enseñarle que es normal sentirlo. La frase “Me quiero” implica también que se perdona a sí mismo y que entiende que cometer errores es parte del aprendizaje. El rol de los adultos es modelar un lenguaje de aceptación y respeto hacia el niño y hacia sí mismos, evitando la crítica y fomentando la autocompasión.

    Aprendiendo hábitos para cuidarme y sentirme seguro

    El autocuidado, o “Me Cuido”, se refiere a la capacidad para realizar acciones que promuevan su salud y bienestar físico y emocional. Este pilar se enseña de manera explícita y se integra en las rutinas diarias. La repetición y el uso de apoyos visuales son herramientas clave.

    Las rutinas de higiene personal son un excelente punto de partida. Utilizar secuencias de imágenes o historias sociales para detallar los pasos para realizar cada una de estas rutinas de higiene hace que estas sean predecibles y manejables. El niño aprende a realizar estas acciones de forma independiente.

    El autocuidado alimentario es también importante para que el niño pueda identificar la sensación de hambre y saciedad, a elegir alimentos saludables cuando se le da la opción y a participar en la preparación de comidas simples en el hogar.

    La seguridad personal es parte del autocuidado; el niño debe aprender a comunicar el dolor o el malestar, a identificar riesgos posibles – autoprotección -y saber pedir ayuda cuando la necesita.

    Caminando hacia mi Autonomía y Autodeterminación

    Este último pilar combina dos conceptos que son el resultado de los anteriores. “Aprendo” se refiere al proceso continuo de adquirir nuevas habilidades funcionales, mientras que “Elijo” es la manifestación tangible de la autonomía y la autodeterminación, la capacidad de tomar decisiones y dirigir su propia vida.

    La promoción del aprendizaje debe ser constante y adaptada. Cada nueva habilidad, por pequeña que sea es un paso hacia la independencia. El uso de modelado (mostrar cómo se hace una tarea) y la división de tareas complejas en pasos pequeños son técnicas muy efectivas. El refuerzo positivo es vital para mantener la motivación.

    El acto de elegir es el corazón de la autodeterminación. Se le debe brindar al niño oportunidades de decisión desde una edad temprana. Ofrecerle opciones simples, como elegir entre dos alimentos, dos juegos”; le enseña que sus preferencias son importantes. A medida que crece, las elecciones se vuelven más complejas: qué actividad extraescolar realizar, qué ropa usar o qué amigos invitar. La autodeterminación se manifiesta en la toma de decisiones y la autodefensa. El niño debe ser enseñado a expresar sus opiniones, necesidades y deseos de manera asertiva. Practicar a decir “no” cuando algo no le gusta o a pedir una pausa cuando se siente abrumado son pasos cruciales. La autodeterminación transforma al niño de un simple receptor de cuidados en un participante activo y con voz en su propia vida. Un sujeto de derecho.

    Conclusión

    Los pilares “Me Conozco, Me Quiero, Me Cuido, Aprendo y Elijo” no son solo conceptos abstractos, sino herramientas prácticas para el empoderamiento de niños y niñas con discapacidad intelectual. Cada uno de estos elementos se construye sobre el anterior, creando un camino firme hacia la autonomía y la autodeterminación.

    Al trabajar estas habilidades desde la primera infancia y en todos los niveles, desde el entorno más cercano hasta el más amplio, estamos fomentando su bienestar emocional y la formación de una identidad sana.

     La función de las familias, las instituciones educativas y la sociedad en general es tomar plena conciencia de este derecho que le es propio y ofrecer desde edades tempranas un ambiente seguro, de acompañamiento, paciencia y respeto por sus deseos , intereses, elecciones ; empleando  todos los recursos y sistemas de apoyo  necesarios  para que de esta manera celebren cada logro; fortaleciéndolos para que puedan llevar vidas plenas y activas, con un profundo sentido de pertenencia y autoestima, y de esta manera  planificar  y construir  el futuro que desean, siendo los  reales protagonistas de su propia vida.